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Canibalismo por acá

Tapa del diario El Orden
Tiempo atrás publiqué esta historia en Fuera de Foco: un caso de antropofagia en islas del Departamento Garay. La refloto, la amplio y me voy a releer “El entenado”.

Sucedió en una isla del departamento Garay en 1936. El caníbal fue trasladado a Santa Fe y luego a un hospicio de alienados en Buenos Aires. El diario El Orden realizó una sensacional cobertura de uno de los casos más truculentos de la historia criminal santafesina. El Litoral aportó lo suyo, desde otro lugar.

Tomo los hechos de El Orden, diario que realiza la mejor cobertura periodística: manda a un enviado especial, publica numerosas y espeluznantes fotografías, titula a lo Crítica y hasta habla con el caníbal. El Litoral se maneja con su habitual corresponsal, de quien transcribe los despachos y, aunque brinda importantes espacios al tema, gran parte de ellos están dedicados a analizar y opinar sobre el particular asunto.

La cobertura

Vayamos a El Orden:

Garay recibe a El Orden
“¡Existe el hombre malo que se come a los chicos! ¡Cocinó y comió a una criatura de once años!”, es el extraordinario título que aparece en portada el 22 de mayo de 1936.

Además del título, el despliegue periodístico de la información recuerda mucho a la forma en que trabajaba este tipo de casos el diario Crítica: la mayor parte de la noticia es relatada por el periodista que pudo entrevistar a Aparicio Garay, el criminal, y así lo testimonia una fotografía.

Un día antes de ese titular, en página 6, el diario impacta con grandes letras: “¿Un antropófago en Helvecia?”, y un breve anticipo de la información, que no había podido desarrollarse por haber cerrado las oficinas telegráficas poco antes de conocido el sucesos.

La edición del 22 de mayo es sensacional: en varias páginas, y con una gran profusión de fotografías, se cuenta que Garay había secuestrado, asesinado y luego devorado a un chico en una isla cercana a Helvecia.
Hacia allí fue el cronista y describió al criminal así:

Se abre la puerta y aparece un hombrecito insignificante, descalzo, con un saco azul sobre las carnes y unas bombachas curtidas por el agua y el uso. El cabello entrecano, revuelto y desordenado; los labios secos y prominentes en algunos gestos; abultados y groseros en otros; la mirada escurridiza y a ratos incisiva.

Garay le relató a El Orden que el chico había ido con él por voluntad propia y que pasado un tiempo quiso irse. Él lo persuadió:

Vea compañerito… usted no puede dejarme. Hemos salido juntos, usted es mi compañerito, debemos seguir juntos. Cómo me va a dejar solo?

Se quedó unos días, pero una mañana lo vio en una canoa, yéndose. Garay aseguró que la voz del “horario” le dijo que lo fuera a buscar, y él tomó su fusil, le apuntó y le disparó a la cabeza.

“¿Qué es eso del “horario”?, le preguntó el cronista. “El horario es mi Dios”, contestó.

Él manda, yo soy su sirviente. Manda a todos los hombres. En el horario, están las horas. Las horas son el tiempo. Es la vida de los hombres. Sin el horario no hay vida. El horario me dijo: ¡no lo dejes ir!... Y yo no lo dejé ir. Qué podía hacer? Yo soy un sirviente.

La historia del horror recién comienza. Cuando Garay rescató al cuerpito de las aguas, “el horario” le dijo que tenía que comer. Y él lo hizo.

Primero lo abrí… Con el machete. Lo limpié bien. Yo sé cortar. Aprendí en el hospital (…). Limpié bien los huesos. Primero los iba a guardar, para trabajarlos. Lindos huesitos. Hubiera hecho unas fichas. Pero por dentro no servían. Eran esponjosos. Entonces los tiré al río. Y la carne la colgué. Hice ganchitos y colgué la carne de la enramada cerca del rancho.

Como si fuera poco, el cronista le sigue preguntando: ¿qué comió, cuánto comió? Aparicio Garay dijo que no toda la carne es buena, pero que además había comido con miedo, porque “uno se envicia. Come y después siempre quiere comer”. Hizo asado, frió otros pedazos y luego, con derritió la grasa e hizo aceite.

A la policía le dio algunos detalles más:

La cabeza la herví… los sesos no se podían comer y se los di a los perros. Pero las carnes eran buenas.

En los días siguientes, Aparicio Garay, el nombre con el que se lo identifica, pues carecía de documentos, es trasladado a Santa Fe. El Orden se dedica entonces a intentar comprender el caso: en otros tiempos, se hubiera dicho que estaba poseído por un demonio y destinado a la hoguera, marca; pero hoy, el caso pertenece a la ciencia. Es verdaderamente notable la forma en que el cronista analiza los retazos de la vida de un hombre buscando entender cómo se llega a la locura para llegar a la conclusión de que “en contacto con hombres y en un medio normal, se hubiera corregido”.

Ante el juez Salvador Dana Montaño, Garay repite casi las mismas palabras que ante el cronista de El Orden. Sin embargo, aún queda por esclarecer el modo en que murió el niño, ya que existe, además de la versión del criminal, la hipótesis de que había sido degollado.

El análisis

Cobertura de El Litoral
El Litoral, se dijo, publica los despachos de su corresponsal en Helvecia luego de brindar similar espacio a su análisis y opinión.

El día 21 examina brevemente la historia criminal argentina y los escasos sucesos similares en el país. ¿Por qué se producen? Concluye, casi estigmatizando a los “hombres de las islas”, que

El caníbal de Helvecia sería, en efecto, una normal de características fronterizas, semi-idiota, cuya vida salvaje denotaba su apego a huir de los moldes de la civilización. Era un sujeto sin clasificación aparente en los tipos comunes de las islas de nuestro litoral, tan ricas, por lo demás, en ejemplares característicos. La gente que vive en las islas no suele prolongar sus evasiones de los códigos más allá de un hurto simple provocado por el hambre. El caníbal de Helvecia, por el contrario –habitante de una ciudad flotante que era su canoa—vivía constantemente en las islas, en el robo, en el pillaje, en la degeneración. Era, en una palabra, un hombre-bestia, según se desprende de las informaciones que nos transmiten nuestros corresponsales.

Al día siguiente, sin que su corresponsal pudiese entrevistarlo, y reproduciendo partes de la declaración policial de Aparicio Garay aporta su “convencimiento”, no exento de nuevas estigmatizaciones: el de que Garay

es un tarado de la peor especie, sujeto de extraordinaria peligrosidad, propicio a las inhibiciones que conducen al delito y siempre dispuesto a ser protagonista de sucesos como el que le ha dado notoriedad. Es, en cierto sentido, un alucinado. Sus formaciones sensoriales dependen exclusivamente del gobierno de su instinto. El cerebro no actúa en sujetos tales sino en los intervalos lúcidos y sólo como un elementos de control relativo de sus actos. Es inculto. Si alguna vez tuvo cultura la perdió en las islas.

El 23 de mayo, ya en el espacio editorial, El Litoral publica que aunque se trata de un hecho excepcional, es necesario prevenir. Que existe “millares de individuos de razas vencidas por el alcohol y las enfermedades” que podrían “salvarse” y “aún ser útiles”, siempre que se los incorporase al mundo del trabajo, “que se les condujese ordenadamente por las vías prácticas de la educación mental y manual y se les curase físicamente a fin de evitar que sus descendientes lleven acumulados males de siglos, que hacen crisis bajo la mirada espantada de la cultura”.

No hay tantos individuos, dice, que reclamen de asistencia moral urgente. Y agrega: Son bien conocidas las costumbres, los defectos y virtudes de los pocos indios que quedan en el país; como también se conocen las inclinaciones de los grupos mestizos abandonados a la suerte, analfabetos la mayoría, sin oficio, habitantes del rancho sucio y enervante, a los que la mala política explota como carne electoral a cambio de una indiferencia pública que podría ser calificada de crimen lógicamente”.

El caso de Aparicio Garay no justifica la alarma, pero sí se hace necesario vigilar a otros grupos sociales. “Matar es un recurso corriente en ciertos sectores de la población. Y, lo que es peor, el homicidio como manifestación de hombría sin especificación de circunstancias, es un culto generalizado entre los núcleos sociales de referencia”.

Corregir eso es posible, dice el diario; hay que “gastar bien el dinero de los contribuyentes”, en higiene, trabajo e instrucción, y no en pan y en carne.

Sobreseído

En octubre, el juez dicta su sentencia. Marca en sus fundamentos que Garay se presentaba en ocasiones como un místico, en otros momentos como un degenerado sexual y en otros daba la impresión de tener completamente desordenadas sus facultades.

Teniendo en cuenta los informes médicos y legales, Dana Montaño lo sobreseyó, porque se trataba de “un sujeto que tiene sus facultades mentales alteradas y presenta signos de senilidad con delirios sistematizados cuya evolución no puede precisarse; agrega que los hechos cometidos por Garay, rapto, violación y homicidio, lo caracterizan como un sujeto peligroso en extremo que debe ser recluido en un establecimiento adecuado”.

El dictamen fue sobreseimiento, pero ordenando la reclusión de Aparicio Garay en el Hospicio Las Mercedes de Capital Federal, por carecer Santa Fe de un establecimiento adecuado.

Hacia allí fue trasladado Garay. La última noticia que se tuvo de él fue en octubre de 1938, cuando asesinó a un compañero porque no lo dejaba dormir.

Algunas fotos más:





7 comentarios:

Abel Hermoso dijo...

Muy buen articulo Cinthia, conocì Helvecia hace un par de años y no parece para nada merecer tener una historia de crimen de este tipo, pero a veces las apariencias engañan, el tema es ver si la realidad social que se daba en las islas cambiò o por lo contrario sigue vigente.

Che Genetic dijo...

Esta vieja noticia no es de Santa Fe, tampoco sobre canibalismo, pero no tiene desperdicio:

http://chegenetic.blogspot.com/2010/05/centenario-de-allen-la-capital-de-la_28.html

Saludos

Anónimo dijo...

Este caso fue en las islas de Cayasta ,aun vive el hermano del niño asesinado......

Cintia Mignone dijo...

Se puede establecer algún contacto? Agradezco las ayudas...

Anónimo dijo...

Estuve el pasado de 20 de julio de 2011 en Cayastá y me enteré de este suceso y de que el hermano del chico asesinado, aparentemente su mellizo,falleció hace poco tiempo.

Anónimo dijo...

excelente articulo, pero este Garay si no estoy equivocado creo que fue el preso numero uno de la cárcel de coronda, podría averiguar por que existen registros de lo que le comento.

Anónimo dijo...

Este post es uno de mis favoritos, me recuerda charlas sobre este tema que, más allá del tema, trataban sobre lo bien que se escribía el periodismo en décadas anteriores, ¿viste?

 
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