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La periodista santafesina encuentra su lugar


Fue a fines de los años 60, en medio de un largo conflicto gremial, cuando en Santa Fe, la mujer periodista, encontró su nuevo lugar.

Como sujeto de noticia, la mujer ocupó muy pocos espacios en nuestra historia periodística, dominantemente en las páginas policiales, víctima de lo que hoy llamamos violencia de género, aunque en muy pocas ocasiones era tratada en su calidad de tal. También como protagonista del ejercicio de la prostitución, por su “mala vida”, o como atrapada en redes de trata de personas en muy pocas oportunidades. La moda, la presentación de las niñas en sociedad, la ornamentación a usar en época de luto, o los trastornos que le acarrearía el incipiente feminismo son otros de los tópicos por los que ellas solían aparecer en los diarios santafesinos.

Como portavoz de opiniones, le fue dada la palabra frente a puntuales acontecimientos que la podrían sacar de su tradicional rol de madre y esposa: el voto femenino y el divorcio, aprobados con media sanción en 1932. Cambiaría, pero no demasiado, su protagonismo con la llegada de Juan Domingo Perón al poder y la creación del Partido Peronista Femenino. Los diarios de filiación justicialista darían mucho espacio a Eva Perón y algo a las mujeres que la seguían; los de la oposición a la Unión de Mujeres Argentinas.

La primera mujer que mereció el mote de periodista en Santa Fe fue Carlota Garrido de la Peña. Fundó y dirigió la revista El Pensamiento. Semanario de lectura amena, costumbres, asuntos religiosos y sociales, crónicas de salón y de modas, bibliografías, etc. Fue una representante del antimodernismo y criticó el papel que jugaban algunas mujeres en la vida moderna. (Más información, aquí). Ya entrado el siglo XX, se destacan como novedad algunas pocas columnas escritas por mujeres. Por ejemplo, en el diario El Orden se publicaba con cierta asiduidad una llamada, justamente, “Escribe una mujer”. Distintos nombres para opinar sobre literatura, la primavera o la guerra.

Aunque poco a poco las redacciones comenzaron a aceptar en cuentagotas la presencia de mujeres, ellas estaban asignadas a tareas bien tradicionales: eran administrativas o correctoras.

En el caso de El Litoral, según relató una de sus trabajadoras, algunas mujeres comenzaron a escribir, pero solamente para sociales y únicamente las hijas o sobrinas de los directivos.

Graciela Menghi, fallecida hace pocos años, rememoró su visión de aquella redacción a finales de los años 60: “En El Litoral las mujeres no pasaban de corrección, salvo las de la familia, que estaban en sociales. Era uso y costumbre, y tradición y machismo”.

La situación se comenzó a revertir en 1968. Durante una prolongada huelga que llevaron adelante gráficos y periodistas del vespertino, se editó Prensa Gráfica, un diario obrero.

¿Seguiste haciendo corrección en Prensa Gráfica?, pregunté: “Ah, no. Redactora, che. Prensa Gráfica revirtió la situación”, respondió.

“Yo tenía más o menos 27 o 28 años; me acababa de casar. Era una especie de reivindicación, porque además yo repartía trabajo también. Dinámica de la militancia. No hubo discusión. Mirá que nos iban a bajar el copete a nosotras que veníamos torcidas de traer los diarios y seguíamos laburando al día siguiente”, relató explicando que al trabajo periodístico se sumaba el de ir diariamente a Rosario para la impresión y repartir luego los ejemplares.

Lo novedoso además era que durante esos meses ellas también salían a la calle a buscar la noticia, a cubrir, por ejemplo, la huelga de estudiantes de la Universidad Católica. O iban a Sauce Viejo a entrevistar a alguna personalidad que llegara en avión. Y hasta se metían en policiales, descartando los partes que llegaban a la redacción.

Al calor de ese conflicto, cambiarían algunas cosas. Cuando en diciembre nació Nuevo Diario, Alcira Ríos de Córdoba ya ingresaría como redactora. Graciela lo haría tiempo después, otra vez como correctora, pero ya no le interesaba demasiado: sólo quería recibirse de profesora y dar clases.

Alcira, en cambio, tendría una destacada actuación tanto como periodista en el nuevo matutino como en su papel de dirigente de los trabajadores de prensa en la nueva Asociación de Prensa de Santa Fe. Hasta que el Comando Anticomunista del Litoral la corriera para siempre de la ciudad, poco después del asesinato de otra trabajadora de ese diario, Marta Zamaro.

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