Trabajador@s


Algunas páginas del libro La Nación Argentina. Libre, Justa, Soberana, publicado en 1950. Tiene más de 800 páginas, pocas palabras y muchas imágenes. Fue impreso en los talleres gráficos de la editorial Peuser. Puede descargarse completo acá. Imágenes peronistas de los trabajadores antes y después de 1943. Y a disfrutar, feliz día compañer@s!!



















Autobombo


Este humilde blog agradece la cita del compañero Héctor Recalde en su último libro: “Una historia laboral jamás contada… El relato empresario ante conquistas y nuevos derechos de los trabajadores en Argentina (1869-2012)”.

Nota citada, acá.

Luche y vuelve

Más de 17 años habían pasado y el 17 de noviembre Perón volvió. Para frenar cualquier tipo de movilización popular para recibirlo, el presidente Agustín Lanusse decretó un cese total de actividades. Las ciudades estaban prácticamente militarizadas.

En Santa Fe se sacaron de circulación todos los colectivos, no hubo bancos ni comercios ni industrias; no se editaron diarios ni se distribuyeron revistas. No se retiró la basura, no hubo trenes.

Policía y Prefectura custodiaron celosamente la zona portuaria, el Correo, las emisoras radiales. En distintas zonas se podía observar carros de asaltos y policías provistos de armas largas y pistolas lanzagases.

En las rutas de acceso a la ciudad se controlaba la entrada y salida de vehículos, identificando a los ocupantes de los vehículos.

El día 16, la mayor preocupación editorial del diario El Litoral era que el 17 sería un día no laborable. Para el vespertino, era una preocupación que se reiteraba. Feriados, asuetos y paros detenían el progreso del país y no ayudaban “al esfuerzo general para recuperar terreno perdido”. Se reincidía “en la tendencia al ocio”.

La CGT también decretó un paro ese 17. La delegación Santa Fe concentró frente a la sede gremial y fue dispersada por la policía. Luego emitió un documento en el que marca que el regreso de Perón era un hecho inédito, “ya que los más grandes defensores de la argentinidad, San Martín y Rosas, murieron en el destierro, y quien completa junto a ellos la trilogía de la nacionalidad, Perón, se encuentra ya en nuestra tierra, venciendo de esta manera los intereses de la antipatria, que se habían coaligado para conseguir arrancarlo del lado de su pueblo”.

Perón regresaba por su voluntad, decía la CGT Santa Fe, pero también por “la disciplina y confianza de los trabajadores y de los descamisados todos”.

El 18 de noviembre, El Litoral realiza su balance. Dos eran los acontecimientos que, en igual medida, marcaban la hora: el regreso de Perón y las “Bases para un programa de conciliación nacional” lanzado por Lanusse. “Quizás desde los tiempos del Acuerdo de San Nicolás no se haya reiterado tanto la necesidad de una unión argentina, de aquella que luego quedó plasmada en el Preámbulo constitucional”, escribió el editorialista.

No podrá discutirse el derecho de Perón a fijar la orientación de sus huestes, ni al gobierno su decisión de formular bases de acercamiento, ni a los partidos su real y efectiva participación en la formación de los órganos legales. Como también, si es que en función de los acontecimientos se logra superar el terreno escabroso de las controversias estériles y de los recuerdos del pasado, que no pueden seguir dividiendo, frente a un porvenir que debe construirse en común”, proclamaba.

Era necesario dejar el pasado de lado, según El Litoral. “Ni Perón, ni Lanusse, ni Balbín, ni Manrique interesan por sí solos, lo que importa a la República es aquel programa y no vivir más en los tumultos, ni en las vehemencias, culminando un proceso de orden y libertad, que restablezca el imperio de la Constitución, el respeto a los derechos ciudadanos, en la impostergable recuperación que la comunidad exige”.

Nos visita el pensador nacional


Fue en junio de 1971. El Paraninfo de la UNL desbordó de gente. Para Jauretche, lo revolucionario era retornar al peronismo.

El 28  de junio de 1971 Arturo Jauretche visitó la ciudad de Santa Fe, invitado por el Departamento de Extensión de la Universidad Nacional del Litoral.

El Litoral publicó que había sido “una verdadera multitud” la que lo había ido a escuchar, colmando el local, los pasillos, las escaleras de acceso a la planta superior y el Bv. Pellegrini.

Fue presentado por Leoncio Gianello (h) que dijo que Jauretche era uno de los pocos pensadores argentinos que había “comprendido la realidad nacional, deformada por la cultura enajenante de una clase puesta al servicio de la entrega política y social del pueblo argentino, como las minorías dirigentes de un territorio ocupado”. Agregó que “Jauretche y su generación han contribuido fecundamente a la liberación espiritual de los argentinos, como el paso previo para la liberación política y económica del pueblo nacional”.

A la hora de comenzar su disertación, Jauretche tuvo palabras de recuerdo para Raúl Scalabrini Ortiz y arrancó con su charla titulada “Argentina imaginada y Argentina real”, una variante setentista del “Argentina virtual y Argentina real” de hoy.

Los principales conceptos del pensador nacional en Santa Fe fueron:

  • la lucha ideológica se había planteado entre quienes se afirmaban en una realidad propia y quienes esgrimían conceptos importados con ideas foráneas cuyo objeto concreto es una entelequia llamada humanidad, pero una humanidad propia del lugar de elaboración de esas ideas. Por eso generalmente los cultos estuvieron fuera de la realidad y en soluciones librescas, dadas por un espejo deformante.
  • producida la independencia –lo que hoy llamaríamos  la inteligencia—quiso construir una sociedad según modelos europeos dejando de lado el hispanoindigenismo.
  • el pensamiento de la generación del 80 expresó coherentemente esos propósitos de una Argentina puramente “pampa húmeda” que incorpora sus productos alimenticios al mercado mundial, produciendo muy barato, política que siguió hasta llegar a sus límites productivos. Se eligieron modelos equivocados signados por la división internacional del trabajo mientras los Estados Unido hacían un proteccionismo interior para permitir su crecimiento acelerado.
  • el sistema cultural dominante decreta un real ostracismo para quienes no comparten el liberalismo ideológico.

Finalmente, Jauretche tuvo palabras que casi podrían leerse como una profecía que tardaría más de 30 años en cumplirse: “Tuvimos el IAPI, la nacionalización de la banca y de una masa de empresas que son hoy factores de poder, lo revolucionario sería retornar a esa política”.


Empleados de comercio

Día del Empleado de comercio. Un recuerdo de 1950.


1943

Después de toda una vida de trabajo, los empleados de comercio, cuando se agotaba su capacidad productiva, se encontraban frente al pavoroso problema de la desocupación y la miseria consiguiente.

1944

Se crea la Caja de Jubilaciones de Empleados de Comercio y se comienza la recepción de aportes el 1º de ene4ro de 1945. Desde esa fecha, hasta junio de 1949 se habían inscripto 106.556 empleadores, con lo cual se garantiza amparo a 900.000 afiliados.

Desde el 1º de enero de 1947

Se acuerdan las primeras jubilaciones a empleados de comercio que habían cumplido 60 años de edad.



La Nación Argentina Justa Libre Soberana. 1950
www.ruinasdigitales.com 

El Mitin de la República


Aunque era una dictadura, se le decía democracia. Una parte del país salió a celebrar esa “democracia”, pero había muchos que no estaban. De ellos no se habló.

Cosas del lenguaje: a un gobierno elegido por el voto se lo llamó dictadura. A uno llegado a fuerza de las armas, se lo llamó democracia. La “democracia” de 1955 le dio “amplia” participación a los partidos políticos (a algunos) en su gobierno: el 11 de noviembre de ese año se constituyó la Junta Consultiva Nacional, encabezada por el vicepresidente Isaac Rojas.

Fue esta Junta, que funcionaba en el cerrado Congreso Nacional, la que convocó a una marcha en el Congreso para los primeros días del año siguiente.

Los medios celebraron extasiados la manifestación. El diario Democracia, de Buenos Aires, publicó el 11 de enero de 1956:

Unidos y libres. Sin delimitaciones de ideologías, ni credos, sin otro destino que el de marchar hacia la libertad y la democracia, los hombres y mujeres de nuestro pueblo se concentraron ayer con entusiasmo en la Plaza del Congreso, al amparo de nuestra bandera, de nuestro escudo, de nuestro porvenir que surge sin sombras, sin presiones, sin delaciones. La cita tuvo proyecciones de símbolo: la unión. La unión de corazones, de esperanzas, de recrear al país para desterrar definitivamente de su ámbito las hojarascas de la democracia y la dictadura. Y así unidos, proclamaron que estaban allí para trabajar en bien de la patria, única razón de felicidad y grandeza, continente insustituible de la familia, de la sociedad y la justicia que se alza con evidencia incontrastable en la República renovada de esta hora.

No se quedó atrás nuestro, nuevamente, único diario. El Litoral, además de dar amplia cobertura al “mitin”, publica un editorial en el que remarca que se había tratado de una “gigantesca asamblea de fe democrática”. Los seis oradores fueron integrantes de la Junta Consultiva Nacional: Luis María Bullrich, José Aguirre Cámara, (Norte)Américo Ghioldi, Oscar López Serrot, “nuestro” Luciano F. Molinas y Miguel Ángel Zavala Ortiz. Sus discursos “satisficieron las extremadas exigencias de calidad a que la trascendencia del acto obligaba sin excusas”.

Por el Socialismo, (Norte)Américo Ghioldi señaló que “la revolución está en la calle”, y “nuestro” Luciano Molinas, a quien el diario destaca su “consecuencia esforzada, infatigable y siempre animoso, en los demorados años de la ignominia dictatorial”, celebró las políticas económicas del gobierno.

El “Mitin de la República” “ofrecía un espectáculo sobrecogedor la multitud frente al Palacio del Congreso”, que, cosas del lenguaje o de vaya a saber uno qué, permanecía cerrado en esa “democracia”, aunque había estado abierto en la “dictadura”. 

Viejos vinagres


Los jóvenes siempre han sido objeto de noticia: por delincuentes, por políticos, por apolíticos, por terroristas, subversivos o maravillosos. La mirada hacia ellos en 1968, de parte de adultos-periodistas, o viejos vinagres.

Los jóvenes son protagonistas en 1968. Primeras figuras. Lo que sucedía en Francia, Estados Unidos y en algunos lugares del país preocupaba sobremanera a la familia santafesina.

Sartre y el existencialismo (“expresión ‘intelectualoide”, según la revista Tiempo), los beatniks, los Beatles (con su “ritmo enloquecedor y frenético”) y, por supuesto, los hippies, demudaban los rostros de los hombres de saco y corbata.

¿Serán los hippies de hoy la exteriorización de una juventud disconforme en busca de una rectificación, serán los protagonistas de ese mundo del año dos mil que viene a nosotros vertiginosamente, o serán los mensajeros del Apocalipsis?”, se pregunta la revista para dar paso a la colaboración del jurista y educador Agustín Luis Rossi con su En defensa de la Nueva Generación.

Rossi estaba realmente preocupado por las manifestaciones de indisciplina, disconformismo y también de violencia que se verificaban en Buenos Aires y Mar del Plata. Eran pocos, aseguraba, pero se los magnificaba y hasta justificaba. Como demostraba su experiencia, las “desviaciones conductuales” podían corregirse con educación y libertad “bien orientada”.

Sostiene Rossi que gran parte de la responsabilidad por la preocupación generada por los jóvenes, es del periodismo. Es que éste no censura con fuerza a los movimientos juveniles. “Cuando a todas estas manifestaciones negativas se les da visos de heroicidad, se corre el riesgo de imitación, se incita”, afirma. Los medios de comunicación deberían ocuparse de destacar a la mayoría, que tiene “hábitos normales”, a esa juventud que “no se pintarrajea, que se baña todos los días, que no roba, no mata, no viola”. Se refería, claro, a los existencialistas de antes, hippies de ahora. (Tiempo, enero de 1968)

Dos meses después, un problema relacionado merecerá la atención de El Litoral. Revueltas juveniles en las universidades de países con regímenes totalitarios, de izquierda y de derecha, ponían en cuestión el templo de la disciplina y el orden. “Se diría que los jóvenes de todos los países han aprendido en el mismo manual la técnica de la revuelta”, analiza. Concluye con una frase que habrá que retener; si bien se refiere a las dictaduras europeas, no puede pasarse por alto que nuestro país atravesaba una. Dice el diario dirigido por Riobó Caputto: “Tras vivir bajo el imperio de una autoridad fuertemente impuesta, los jóvenes descubren a la libertad y la enaltecen en enérgica actitud polémica con la filosofía política y moral de sus mentores. Y como a los jóvenes les place más la acción que la sofística, su actitud crítica la asumen a brazo partido con el poder policial (…). El exceso de autoritarismo engendra sus propios antídotos, como todos los excesos”.

También en asuntos más cotidianos los jóvenes eran objeto de noticia. No hay que olvidar que el país estaba bajo el gobierno de Juan Carlos Onganía y que Santa Fe se encontraba bajo la mano firme del contralmirante Eladio Modesto Vázquez, un hombre de la Marina que supo rodearse de respetables prohombres santafesinos para llevar adelante su gobierno de facto.

Las “razzias” comenzaron a formar parte del paisaje nocturno. En mayo, la Policía de Menores había detenido, en sólo 72 horas, a 60 chicos en confiterías, otros lugares de diversión nocturna y en la vía pública por falta de control, peligro físico, vagancia y ausentismo escolar.

El efímero periódico Interior Santafesino marcaba, además, una contradicción “de clase” en la aplicación de una norma por parte de la policía y de la justicia de menores local. No se permitía que concurrieran, ni aún con sus padres, a bailes después de la una de la mañana. Sin embargo no se actuaba de igual manera con los “festivales danzantes” que se realizaban en clubes para celebrar los 15 años de las niñas. “¿No son también ellas menores de edad?”, se preguntaba el cronista tribunalicio. “¿Acaso un padre o una madre trabajadora —para la justicia y la policía— están incapacitados para tener con sus hijos el debido control moral y sí lo pueden tener el padre y la madre, de alta alcurnia?

Y seguramente en ese sector social, los niños también daban problemas. Al punto que El Litoral daba consejos a los padres sobre los “pequeños hurtos” que solían efectuar. A no preocuparse demasiado, sugería. Antes de los seis años, los niños no tienen concepto de la propiedad. En cambio, entre esa edad y la adolescencia, ya se convierte en hurto: sabe efectivamente que está cometiendo una mala acción, aunque generalmente se trata de objeto de poco valor: una lapicera, una moneda de la cartera de la madre… Atención papás: no ceder al primer impulso de avergonzarlo; sería un gran error. Hay que buscar los motivos y hacer “un examen claro y concienzudo de toda la situación familiar y, en particular, del propio comportamiento con respecto al niño (…). Antes de juzgarlo mal y de considerarlo un caso incorregible, deben agotarse todos los medios en nuestra inteligencia y en nuestra sensibilidad para llegar al fondo de la verdadera causa”.

Si todo esto no alcanzaba, ya se sabe, el Estado podía reencauzar. El 4 de junio, en Buenos Aires, en la sede de la Lotería de Beneficencia Nacional y Casinos, el general Manuel Ceretti encabezó el sorteo de los ciudadanos clase ’48 para el Servicio Militar Obligatorio. El documento 077 fue el primero; el 414, el último.

Pero pese a la mirada condescendiente hacia los jóvenes de la zona del Dr. Rossi, había en Santa Fe hippies, existencialistas y también, quizás lo más peligroso, hombres y mujeres interesados en la política y la sociedad.

(Parte del Capítulo I de Cuando pararon las rotativas. Historia de una huelga silenciada).

La política en la escuela


Introducir la política en la escuela parece haber sido visto mal también en otras épocas. Las razones eran bien distintas a las de hoy. Antes, se debía al “desarreglo nervioso” de algunos maestros.

Mientras la burda polémica sobre la política en las escuelas continúa desde este blog hacemos un humilde aporte como siempre, desde una mirada “colateral”.

En junio de 1937 El Litoral publica un artículo de opinión titulado La política en la escuela. No cree necesario el diario explicar a qué hechos concretos se refiere, pero se puede intuir que no se estaba quejando, por ejemplo, de la enseñanza de la historia mitrista en las escuelas.

Lo cierto es que llegó a oídos del articulista que algunos maestros y profesores “con escaso dominio de sí mismos” hablaban a sus alumnos de “las cuestiones sociales y políticas de actualidad” y con esto estaban “incubando en las mentes infantiles gérmenes de apasionamiento y de odio que el buen maestro –en la plena acepción del vocablo—procura a toda costa extirpar”.

Asume el diario que estos alumnos encontraban en sus hogares “un ambiente refractario a las prédicas de dichos maestros”, lo cual provocaba inevitablemente que los pibes se sintieran “deprimidos y desorientados, es decir, tan torturados como los mayores por causas que jamás debieran tener eco en el tranquilo refugio de las aulas”.

Aulas en las que, en la visión de El Litoral de 1937, sólo debían enseñarse “verdades rigurosamente comprobadas y sobre las cuales no puede abrirse discusión”. Las cuestiones sociales y políticas de aquella actualidad “que tanto mal hacen a los espíritus juveniles, poco aptos, por la falta de madurez intelectual, para juzgarlas rectamente”, debían dejarse para el futuro.

Entendemos que el desarrollo de los programas escolares basta y sobra para ocupar útilmente el tiempo destinado a clases y que, aun cuando alguno sobrase, la última cosa de la cual debiera hablarse a los alumnos, sobre todo en momentos en que las palabras del maestro adquieren una significación polémica inevitable, dadas las circunstancia, sería la cuestión de los que tienen razón y de los que no la tienen. Eso, ya lo decidirá el porvenir y será enseñanza para las futuras generaciones. El aula debe preservarse cuidadosamente del tumulto de las opiniones callejeras y es lamentable que existan maestros bastante desaprensivos para llevar a ella dicho tumulto, más por imposición de un desarreglo nervioso pasajero que porque estén firmemente convencidos de que obran con rectitud al inspirar a sus alumnos las propias simpatías y antipatías.

Cuando los diarios y los canillitas eran amigos


Por reclamos salariales, se viene un paro de canillitas. Hubo otros tiempos, donde todos eran amigos.

En las primeras décadas del siglo XX, eran niños los que se ocupaban de vocear los diarios y éstos asumían hacia ellos una actitud más bien paternal.

El Santa Fe, por ejemplo, les regaló tricotas para el invierno de 1933. El Orden, por esos mismos años, comenzó a darles un desayuno completo antes de comenzar el reparto, en lo que se llamó la “Hora del café con leche”. Unos años antes, había realizado una campaña para conseguir una pierna ortopédica para un canillita accidentado.

El mismo diario, en 1934 decidió donar el producido de sus ventas callejeras los días domingos a personas o instituciones. La primera fue la Casa Cuna, la segunda, los canillitas.

El Orden así los describía:

Los canillitas, que forman una legión familiar a las calles de la ciudad, una legión heroica y simpática, que no rehúye ni frío ni lluvia para llevar a todos sus rincones su vocero predilecto, demuestran un gran entusiasmo y se asocian jubilosos al gesto de EL ORDEN. La Dirección de nuestro diario, para responder a la buena voluntad de esos niños proletarios, ha resuelto servirles todos los días café con leche, medialunas y pan, en horas de la mañana, en el acto de recoger los diarios. Para el día de hoy se les servirá, en lugar de café con leche, chocolate, lo que ha provocado mucha alegría en los más niños...

El diario destaca su propia acción, diciendo que desde su aparición había “velado por sus pequeños colaboradores, por sus humildes colaboradores, por cuyos derechos luchó siempre generosa y desinteresadamente”.

Por supuesto, la gente respondió al llamado del matutino: “Nuestra original manera de contribuir al alivio de los necesitados, ha encontrado en el pueblo un eco de profunda simpatía y es así como El Orden, día a día se afirma como la expresión más genuina del litoral argentino”.

(Desconozco detalles de la historia de la sindicalización de los canillitas, así que si alguien me quiere pasar datos, agradezco.)

Buena esposa


Se casa mi amiga Josefina y esta noche despedimos su soltería. Desde este blog, el homenaje debido y algunas de las obligaciones de las que deberá empezar a hacerse cargo.
Allá por 1911, el diario Santa Fe publicó, firmado por un/a tal “E. B. Cacaue”, un artículo dedicado a demostrar que era la ciencia la que negaba derechos a las mujeres. Y sin detenerme demasiado en sus muy interesantes observaciones, me quedo con las que vienen al caso de Josefina.
Don M. Edouard Perriet había afirmado en un libro que “la ciencia contiene indicaciones muy precisas sobre los roles respectivos que corresponden al hombre y a la mujer en una sociedad racional”.
El científico había probado que en todas las especies animales “el sexo femenino es el sexo de la economía y de la acumulación de reservas, el que se distingue esencialmente por sus sentimientos de ternura hacia su prole. El masculino es el de la actividad y la lucha. El macho mantiene y defiende la progenitura; la hembra la vigila, cría y alimenta”.
Y concluye Perriet: “Una organización conforme a los datos científicos, debe tener en cuenta estos hechos y mantener entre los dos sexos una división del trabajo necesario. El sitio de la mujer está en el hogar. Es al hombre a quien incumben los negocios exteriores, cuyas exigencias no pueden combinarse con las de la maternidad”.
Varios años después, en 1937, una mujer (Angélica Méndez) publicó en el también santafesino diario El Orden Un minuto al oído de la esposa, justamente en la sección “Escribe una mujer”.
Deslízase con tranquilidad su vida, entre sus pequeñuelos, su marido y los cuidados domésticos. No le aprecia gran sabiduría para conocer sus deberes, que su recto corazón y su marido le dictan, ni ha menester grande esfuerzo para practicarlos, pues, que en ellos halla el consentimiento y sosiego”.
¿Qué hace una esposa, Josefina? “La esposa prudente y económica apoya al marido en la suma de sus laudables propósitos; puede animándolo con dulzura y serenidad, hacer que en su ejemplo, que en ellos se fortalezcan los buenos principios, que son la semilla de las virtudes más prácticamente ventajosas”.
Y calma, Josefina, calma: “Sepa contener y contenerse; tolerar y mostrarse paciente: conozca los defectos de su compañero, pero sepa tolerarlos con afabilidad y corrigiéndolos del mejor modo que pueda”.

 
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