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El gran rebelde de la historia argentina

San Martín es un recordatorio que debería funcionar como bofetada para muchos. Sus constantes desobediencias al centralismo porteño, sus buenas relaciones con Rosas, sus renuncias a doble salario, han hecho que ese recordatorio quedara olvidado y su figura inmovilizada como mera figurita escolar. Dos episodios de San Martín relacionados con Santa Fe.

Estanislao López y su ayuda
Pese a las figuritas escolares, José de San Martín fue el gran rebelde de nuestra historia.

Cuando fue la Asamblea del año 13, tanto San Martín como Manuel Belgrano creían que era la oportunidad de declarar la independencia de España. Pero su ex amigo Carlos María de Alvear, el gran traidor de nuestra historia, creó un Directorio y pronto iba a ofrecer formalmente entregar estas provincias a Gran Bretaña, sin condiciones. El ejército de San Martín, junto al Ejército del Norte, se sublevó ante esta noticia, desconociendo a Alvear, que huyó a Brasil, donde revelaría al embajador español en Río los más valiosos secretos militares de nuestro país en formación.

Poco después del cruce de los Andes, y mientras aún quedaba mucha América por liberar, San Martín recibió la orden del Directorio de marchar al litoral con su ejército para combatir a los federales de Santa Fe y Entre Ríos. Se negó a reprimir a sus compatriotas, pese a no ser un federal. Desobedeció y partió a Perú.

En 1819 se sancionó la constitución unitaria, que hizo estallar la rebelión de las provincias. El director supremo José Rondeau decidió recurrir al Ejército de los Andes. Y San Martín volvió a desobedecer.

Después de Guayaquil, y estando en Chile, San Martín pidió permiso para regresar a Buenos Aires, donde su esposa agonizaba. Bernardino Rivadavia, ministro de gobierno de Buenos Aires, le negó el permiso, temiendo que entrara en contacto con los federales. Es allí cuando Estanislao López le envió una carta. Allí lo ponía en sobreaviso de que el gobierno de Buenos Aires lo estaba esperando para enjuiciarlo por haber desobedecido las órdenes de reprimir a los federales. López le ofrece marchar con sus tropas sobre Buenos Aires.

“Para evitar este escándalo inaudito y en manifestación de mi gratitud y del pueblo que presido por haberse negado VE tan patrióticamente en 1820 a concurrir a derramar sangre de hermanos con los cuerpos del Ejército de los Andes, que se hallaban en la provincia de Cuyo, siento el honor de asegurar a VE que, a su solo aviso, estaré con la provincia en masa a esperar a VE en El Desmochado, para llevarlo a triunfo hasta la plaza de la Victoria. Si VE no aceptase esto, fácil me será hacerlo conducir con toda seguridad por Entre Ríos hasta Montevideo”.

San Martín declinó el ofrecimiento de López y pese a las amenazas viajó a Buenos Aires, llegando poco después de la muerte de su esposa Remedios de Escalada. Poco después partiría a su exilio.

El combate de San Lorenzo y la participación de Manuel Rodríguez
Era el 3 de febrero de 1813 cuando el general José de San Martín dio su única batalla en suelo argentino entre su Regimiento de Granaderos a Caballo y las tropas españolas de desembarco. El combate fue detrás del Convento de San Carlos, en San Lorenzo, territorio santafesino.

Las tropas realistas sufrieron 40 bajas; los muertos argentinos fueron 16, y 20 los heridos.

Aquella mañana, después del combate, el cura de Rosario despachó un chasqui al teniente de gobernador de Santa Fe solicitando medicinas y un médico para atender a los heridos, entre los que se contaba San Martín.

En una carta que el teniente de gobernador santafesino le enviaría al gobierno de Buenos Aires, decía que San Martín tenía un brazo dislocado, por lo que se había solicitado un cirujano. Además el Libertador tenía una herida cortante en el rostro.

El cirujano de Santa Fe, Don Manuel Rodríguez, partió esa media noche con su carretilla en su carácter de cirujano del Ejército. Tras él llegó otro médico, José Ribes, un valenciano de 65 años de edad, residente en San Nicolás, pero confinado por ser extranjero.

Unos días después, el propio San Martín remitió un oficio al gobierno de Buenos Aires, solicitando otro cirujano y diciendo que el mejor es indispensable que regrese a su hospital de Santa Fe.

Llegó entonces Francisco Cosme Argerich, que apenas llegado amputó el miembro inferior del Capitán Justo Bermúdez, que terminó falleciendo unos días después. La pregunta que se hace el historiador Federico Cervera es ¿por qué no amputó Rodríguez antes de la llegada de Argerich? “Es posible que haya querido eludir la responsabilidad”, no siendo inverosímil que el pedido de un cirujano a Buenos Aires por parte de San Martín, se produjera por insinuación del mismo Rodríguez ante la perspectiva de una intervención de alta cirugía.

Manuel Rodríguez permaneció en San Lorenzo una semana. Los libros de contaduría de Santa Fe, registran en febrero de 1813, un gasto de 12 pesos con 2 reales en los Granaderos a Caballo.

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