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Santa Fe

En estos días se cumplirán 433 años desde que Juan de Garay fundara esta ciudad que amamos y padecemos. Esta ciudad que supimos construir con nuestros silencios y nuestros gritos, con nuestras miserias y solidaridades, destruyendo otros lazos, otras ideas, otras culturas. Construyendo muros, silencios y oprobios. Vaya desde aquí este pequeño homenaje a los desalojados de la historia de la ciudad y provincia de Santa Fe.

Historia completa...


“Yo, Juan de Garay, capitán y justicia mayor en esta conquista y población del Paraná y Río de la Plata. Digo que en el nombre de la Santísima Trinidad y de la Virgen Santa María y de la universidad de Todos los Santos y en nombre de la Real Majestad del rey Don Felipe, nuestro señor y del muy ilustre señor Juan Ortiz de Zarate, Gobernador, Capitán General y Alguacil Mayor de todas las provincias del dicho Río de la Plata, y por virtud de los poderes que para ello tengo de Martín Suárez de Toledo, Teniente de Gobernador que al presente reside en la ciudad de la Asunción. Digo que en el dicho nombre y forma que dicho tengo, fundo y asiento y nombro esta ciudad de Santa Fe, en esta provincia de Calchines y Mocoretáes…”

¿Y qué fue de nuestros calchines y mocoretáes, y de tantas otras tribus que poblaron originariamente nuestro territorio?

Manuel Cervera, el clásico historiador santafesino, dedica a ellos muchísimas páginas de su voluminosa obra “Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe”. Cervera polemiza allí con historiadores que habían osado, ya en los primeros años del siglo XX, hablar del genocidio de la conquista. Polemiza con los jesuitas, quienes ocupaban demasiada mano de obra indígena sin pagar los mismos tributos que el resto de los vecinos depositarios de encomiendas.

Cervera, imbuido del espíritu de la época, da a la luz esta obra en 1907. ¿Justifica el espíritu de la época la apología de la matanza? Es apenas una pregunta, de quien no es más que una periodista curiosa y sin método para la historia.

Este antiguo revolucionario, juez de la corte santafesina y fundador de la Junta Provincial de Estudios Históricos, se remite al desalojo de los moros de territorio español para justificar la conquista y sus métodos en territorio americano. “Para las reformas a establecerse, para el predominio de un poder regulador, la única ley era la espada, la única razón la fuerza, los medios la intriga y la falsía en todas las naciones europeas; y el espíritu de los españoles soldados educados en esta escuela y ejemplo, no iba a detenerse ante indios engañosos, volubles y descontentadizos (…). Si a los vencidos enemigos de contraria religión, en Europa, se les marcaba a fuego y servían como esclavos, cuando no disminuía su número en matanzas continuas; si a los vencidos de la misma religión destruían, dañaban o maltrataban ferozmente ¿cómo debían haber procedido en este nuevo lejano país?”

Las largas páginas que el historiador dedica a estos menesteres incluyen amonestaciones a los historiadores sentimentales o románticos y en cambio, califica como “invasiones” o “matanzas” contra españoles “indefensos” a las defensas de los aborígenes de su territorio.

Cervera, en su afán de desterrar cualquier mácula de quienes se adueñaron del continente, argumenta que la desaparición de los “indios” fue “eventual”. “Cuánta población india desapareció a causa del abandono de los indios en el vivir”, remarca.

Y describe a los pobladores originarios de América con los siguientes calificativos:

§ Los indios no han podido perder nunca sus vicios, la lujuria, la embriaguez, el robo.

§ Tenían hábitos salvajes de independencia, de engaño y vicio.

§ Ni aún las uniones de los españoles con las mujeres indígenas, ni los esfuerzos de los jesuitas y otros misioneros, podían hacer cambiar el carácter malévolo y suspicaz de los indios; que más, si las mismas Ordenanzas de Indios favorecían la pereza e inclinaciones del aborigen.

§ El indio reducido en pueblos, no se ha civilizado nunca. San Javier, Cayastá, San Martín Norte, Sauce, San Pedro, y otras poblaciones de indios existentes en Santa Fe desde hace más de dos siglos, con intermitencia de tiempo, tienen los mismos defectos que los primeros misioneros señalaban a los indios de estas regiones del Plata. La educación y propaganda misionera, no destruye en ellos ni la codicia, ni la haraganería, ni los demás vicios innatos en el indio.

(Las negritas son mías)



La fundación
¿Quiénes llegaron con Juan de Garay para fundar esta ciudad?

Darío Barreira, en su “Conquista y Colonización hispánica. Santa Fe la Vieja (1573-1660)” señala que el 90% de quienes lo acompañaron desde Asunción pertenecían a un grupo de soldados “que aspiraban a más de lo que sus superiores tenían planeado darles”.

Se trataba de grupos de mancebos descontentos que se transformarían, más tarde o más temprano, en un grave problema para las autoridades. Ya habían protagonizado revueltas y motines en aquella ciudad.

“Los expulsados de Asunción se convirtieron en los ‘vecinos de Santa Fe’. Durante este período, tanto en América como en Europa, la movilidad social muchas veces estuvo ligada a la movilidad geográfica. Así como algunos habían atravesado el Océano para valer más en las Indias, otros tenían que moverse dentro de las indias para alentar la misma expectativa”.

El traslado
Y no queda otro remedio que volver a nuestros “odiosos” aborígenes.

En abril de 1649 el Cabildo trató el petitorio que había presentado el procurador de la ciudad para la mudanza de la ciudad.

Tres fueron las razones principales: la “hostilidad de los indígenas de los alrededores”, “las frecuentes crecientes del río” y la ubicación desfavorable para el tránsito de carretas, indica Leoncio Gianello.

En 1650, finalmente, se comisionó a cinco personas para que buscaran sitio. Lázaro del Pesso, Arias de Mansilla, Diego de Santuchos, Bernabé Sánchez y Jerónimo Rivarola dieron como ganador al “rincón de la estancia de Juan Lencinas”.

Esta decisión, marcaría a fuego (perdón, a agua) toda nuestra historia.

Parecía más fácil la defensa contra los aborígenes de un espacio rodeado de cursos de agua. Sólo había que cuidar la parte norte, se pensó.

Juan M. Vigo, detalla que para detener con mayor facilidad a los indios, se cavó una zanja de este a oeste, entre la Laguna Setúbal y el Río Salado; con la tierra extraída se hizo un talud de lado de adentro y en el fondo de la zanja, se plantaron pencales y se dejaron crecer garabatos, una leguminosa con terribles espinas.

Ni los indígenas dejaron de “molestar” a los conquistadores, ni la seguridad del agua fue tal.

En 1905, el diario Unión Provincial encontró a tres culpables para la terrible inundación que ese año asoló a la ciudad: la imprevisión de las autoridades, “los que eligieron este casi bañado para plantar los cimientos de una ciudad” y, cómo no, “los indios que obligaron a ello”.

Espíritu de época.

¿Justifica todo el “espíritu de época”?

Fuentes:
Darío Barriera. “Conquista y colonización hispánica. Santa Fe la Vieja (1573-1660). En: Nueva Historia de Santa Fe, tomo 2. Rosario, Prohistoria-La Capital, 2006.
Manuel M. Cervera. “Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe”. Santa Fe, La Unión, 1907.
“Freyre y la creciente”. Diario Unión Provincial, 24 de junio de 1905.
Leoncio Gianello. “Historia de Santa Fe”. Buenos Aires, Plus Ultra, 1986.
Juan M. Vigo. “Fundación y traslado de Santa Fe”. Santa Fe, Colmegna, 1976.

8 comentarios:

Marta Angélica dijo...

Creo que es como dice Lito "Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia; la verdadera historia. Quie quiera oir QUE OIGA"

cesjavi dijo...

Podría decirse que los indios no fueron exterminados, sino que fueron asimilados o mezclados con los europeos. Yo por ejemplo tengo ascendientes indios y europeos, siendo uno de mis abuelos hijo de india y europeo, el otro hijo de gallegos e italianos. Y así pasa con la mayoría de gente que conozco, teniendo la mayoría parientes indios y europeos.
PD: a mi bisabuela india la mataron los indios en la plaza de Santa Rosa de Calchines, según historias que cuentan mis tías. Mi abuelo fue adoptado y criado junto a mi abuela, siendo los dos de Santa Rosa de Calchines.

rizomantico dijo...

Cesjavi, me resulta gratuita su conjetura sobre el no exterminio.
Sin ánimo de alarmas situaré la mirada sobre su expresión "Y así pasa con la mayoría de gente que conozco".

Cintia, sabría ud. si hay digitalizado algún otro extracto del libro de Cervera?

Cintia Mignone dijo...

Respecto al libro de Cervera, no está digitalizado que yo sepa. La edición de 1907, en dos tomos, de ese puede consultarse en la Biblioteca Pedagógica.

rizomantico dijo...

Cintia, muchas gracias por el dato ;)

Anónimo dijo...

Muy lindo el Blog - Yo también ando buscando edición digitalizada de Cervera... ¿NO hay? Hay un pequeño errorcito en la biblio... está mal citado (y dos veces) el autor de la Nueva Historia de Santa Fe, que se llama Darío (no Diego) y se apellida Barriera (y no Barreira)... Al profe por su nombre, che...

Cintia Mignone dijo...

Gracias por la corrección, y por la lectura atenta.

Ana Espinosa dijo...

Hola Cintia, voy a hacer la tesis sobre el diario Santa Fe (1911-1933) pero no tengo mucha información sobre la historia de la provincia. Me gustaría que pudiéramos estar en contacto. Gracias. anaespinosa@hotmail.com

 
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