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Cuando los radicales daban miedo

En estos días de tensión y ruptura radical, algunos parecen haber seguido el legado de Leandro Nicéforo Alem: Se rompió, pero ¿no se dobló? Hubo tiempos, en que, en Santa Fe, los radicales daban miedo, un miedo diferente al que provocan hoy.


Sí, aunque usted no lo crea, alguna vez los radicales dieron miedo. Y no era para menos. Habían protagonizado tanto a nivel nacional como a nivel provincial varias revoluciones, después de lo cual habían decidido practicar el abstencionismo revolucionario.

Levantar esa medida fue el resultado de arduas negociaciones en el comité nacional, que autorizó a los radicales santafesinos a participar en las elecciones de marzo de 1912.

Y los conservadores se asustaron. Mucho.

Un diario radical había atacado al sector más aristocrático de la provincia, de los cuales era vocero Nueva Época, llamándolos “traidores a la patria”.

Lo que sigue no es la transcripción de un discurso dado en una tribuna, ni la carta de lectores de un aristócrata herido. Se trata de la editorial del diario. Dice así:

“¡Traidores a la patria nosotros, los que queremos el orden y amamos la legalidad y subordinamos hasta los sentimientos privados más respetables a la unión y concordia del pueblo para que pueda orga­nizar un gobierno de opinión que asegure a todos derechos lícitos! ¿Quiénes aman más a la patria? ¿Los que en 20 años de abstención política no han aportado a la hora de los progresos nacionales nin­gún esfuerzo sino es el de las periódicas revolucio­nes que ensangrentaron nuestro sueño? ¿O aquellos otros que aún en medio de los errores de su época elaboraron la prosperidad del país, aumentaron su crédito, elevaron su cultura y acrecentaron la ri­queza pública sin perder de vista las mejoras del ré­gimen?”

El radicalismo, dice Nueva Época, es un peligro social, un partido que sustenta posiciones casi anárquicas.

En fin, algunos radicales de hoy se están poniendo colorados.

El hombre de galera visita Santa Fe

El 25 de marzo de 1912 se realizó el acto de cierre de campaña, que fue multitudinario para su época. Los sectores más conservadores de la ciudad miraban casi horrorizados pasar a las muchedumbres, temiendo contagiarse de popularidad.

El tren llegó a la Estación del Central Argentino a las 2 y media p.m. Maquinistas y foguistas adornaban sus cabezas con las tradicionales boinas blancas. A Hipólito Yrigoyen lo esperaban Ignacio Iturraspe y Manuel Menchaca.

Antes, al mediodía habían llegado a la Plaza España los primeros manifestantes. A las tres, cuando llegó Yrigoyen, ya se habían transformado en multitud.

La columna se puso en marcha, para llegar al punto central del acto, frente a la casa de gobierno, que estaba en construcción.

¿Cuánta gente hubo? Nos remitimos a la crónica del diario Santa Fe, un periódico que apoyaba moderadamente la candidatura de Menchaca. Dice así: “Teníamos el propósito de contar a los manifestantes a su paso por nuestra imprenta. Confesamos que no nos fue posible porque las filas eran desiguales, formando en unas con 15 ó 20 personas, en otras con 5 ó 6. Hemos oído cifras que nos parecen exageradas, ya por lo bajas, o por lo altas. Esas cosas dependen, como se sabe, del cristal con que se miren”.

Los periodistas no contaban la cantidad de manifestantes por metro cuadrado, pero lo hicieron de esta manera: “La manifestación, desfilando lentamente tardó 12 minutos en pasar frente a esta casa. Si se tratara de comparar diríamos también sin vacilación que la del domingo es la manifestación más numerosa que haya visto Santa Fe, al menos que nosotros recordemos”.

Nueva Época, escribió en sus páginas que la manifestación había sido pobre, que habían circulado unas hojitas impresas con expresiones groseras y de mal gusto. Pero lo que realmente sorprendió al periódico, fue no haber oído injurias de nadie.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

estimadad colega, ojalá los que se llenan la boca hablando de radicalismo puedan reflexionar hacercade este baño de memoria que ud. propone.

Cintia Mignone dijo...

Gracias estimado anónimo, pero creo que a muy pocos les interesa...

 
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