Reflexiones en un nuevo siglo

Fin de año, época de balances hacia atrás y de proyectos para adelante. Hace casi 108 años, el cambio de siglo provocaba reflexiones en nuestra ciudad. ¿Por qué esta costumbre de contar los años?

Los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX estaban imbuidos de un espíritu de progreso y optimismo en la ciencia.

En la primera edición del nuevo siglo, el 3 de enero de 1900, el diario Unión Provincial describía pomposamente lo que era de esperar de este cambio en el calendario.

Atención con el lenguaje utilizado por los periodistas de aquella época.

“Hace pocas horas que la fuerza motriz del universo ha sepultado silenciosamente al año 1899 en la tumba misteriosa del tiempo. Es una página más que se ha llenado en el libro de la vida”.

“La humanidad no volverá a actuar en los mismos días ni en las mismas horas del tiempo transcurrido, pero sus manifestaciones han de conservar eternamente el sello indeleble del pasado, con la misma energía que las catedrales modernas conservan las curvas de los templos de Roma y la recta imponente de las pirámides del desierto”.

“No creamos pues que la primera aurora del año 1900 está destinada a iluminar una era completamente distinta de la pasada, siempre seguiremos siendo lo que hemos sido y las transformaciones que se verifiquen en el transcurso de los siglos no han de modificar de un modo radical y visible nuestro modo de vivir”, auguraba el periodista de Unión Provincial.

Y finalizaba el poeta vernáculo: “Sin embargo, la costumbre de contar los años para tener el dolor inútil de saber a cada instante lo que nos falta de vida, ha establecido la práctica de que se festeje en todos los países del mundo civilizado, cada año que se va, como si el alma encontrase un placer extraño al ver acercarse la hora fatal de la muerte”.

Mentiras santafesinas

A través del humor, el diario El Orden intentó encontrar algunos rasgos de nuestra "santafesinidad". Estos recortes pertenecen al convulsionado septiembre de 1935.


"Por ausentarse su dueño, véndse negocio con numerosa clientela"

"La armonía de los balcones contribuye a la estética edilicia"

"Resulta delicioso el ambiente mañanero de nuestras calles""Los días de lluvia comprueban plenamente la bondad de nuestros desagües urbanos"

Buscando editor

Una historia del periodismo santafesino busca editor. Es la que escribí yo misma y que fue finalista en el concurso organizado por la revista Prohistoria y la Fundación Diario La Capital.

El trabajo se inicia con una pregunta que finalizando el siglo XIX se hacía Floriano Zapata:

¿Qué misión han llenado todos estos periódicos en la vida política y social de Santa Fe? ¿Qué huella han dejado en el espíritu público sus viriles arranques, sus luchas apasionadas, su febril actividad, su excitabilidad nerviosa? ¿Qué influencia ha ejercido su propaganda en los evidentísimos progresos que viene conquistando la Provincia al través de mil extrañas y penosas vicisitudes?

Esta historia está recorrida por una premisa: el periodismo, en aquellas décadas, era una visible continuación de la política “por otros medios”.

¿Cuál era el espíritu de aquellos hombres del siglo XIX? Hay varias etapas, pero el impulso que subyace se mantiene: defender, con lenguaje más o menos violento, con discursos más o menos intolerantes, una idea, un sistema, una guerra, un gobierno, una persona, frente a otras ideas, otros sistemas, otros aspirantes al gobierno, otras personas.

Estas hojas de publicidad serán durante las primeras décadas, ni más ni menos que refuerzos discursivos al servicio de la guerra civil. Nadie habrá tenido expectativas de conquistar públicos lectores. De hecho, ni siquiera había en Santa Fe personas calificadas para escribir aquellas cuartillas; vendrán desde Buenos Aires o Entre Ríos para ponerse bajo el encargo de gobernadores y ministros.

Con el paso de los años, poco variarán estos objetivos. Evoluciona, claro, el modo de hacerlos, adquieren un cierto grado de periodicidad, pero continuarán atados al estado. Existe una imprenta propiedad de la provincia y a ella estará enlazada buena parte de la producción periodística del siglo XIX.

Por allí se imprimen hojas estatales. Luego el sistema se refinará bastante: la provincia realizará concursos de precios o licitaciones para entregar a manos privadas ese aparato con el fin de publicar por él los papeles oficiales; como compensación, ofrecerá, además de un pago, total libertad a los adjudicatarios para que hicieran con la imprenta lo que quisieran. Y los favorecidos decidirán utilizarla para publicar periódicos que, dirán, no son oficiales, aunque su lectura los desmentirá.

Aunque con una regularidad mayor a las anteriores, muchas de estas publicaciones nacerán en los meses previos a un proceso electoral y desaparecerán luego, con pocas excepciones.

La llegada de nuevos periódicos, exclusivamente privados, seguirá esa misma línea pasada la segunda mitad del siglo.

Uno de los puntos más destacados en la lucha político-periodística será la que mantienen sectores oroñistas e iriondistas. Tal como lo califica Diego Mauro, será un perfecto exponente de “luchas intraoligárquicas” (1). Allí es palmariamente claro, una vez más, que el periodismo es vivido como la continuación de la política. Y será notorio cómo se exacerban los ánimos en estos discursos, al punto que puede imaginárselos como la prosecución de duelos reales o enfrentamientos armados, tal la violencia y sed de venganza que trasuntan las palabras publicadas.

Esta historia del periodismo santafesino busca editor…

(1) MAURO, Diego “De la prensa de círculo a los albores de la prensa comercial (1850-1910)”. En: La organización productiva y política del territorio provincial (1853-1912). Nueva Historia de Santa Fe, Tomo VI. La Capital-Prohistoria, Rosario, 2006.

El gobernador festejó con público

Mañana asume Hermes Juan Binner la gobernación de la provincia, histórico gobierno si los hay. Dispuso un festejo popular para celebrar la democracia, bien distintos a los agasajos que en otra época realizaban los mandatarios: antes que Mirta Legrand, también se comía con público.

Hay una frase del tango “Café La Humedad” que siempre me trae la misma imagen, aunque no haya sido la intención del autor. Cuando dice “la ñata contra el vidrio”, me imagino a un pibe con la nariz aplastada contra el ventanal de un bar viendo comer a la gente que puede pagar su comida. Y es una imagen habitual.

Pero en otras épocas, se invitaba a gente de la selecta sociedad santafesina a presenciar los banquetes en los que no iban a comer.

Así sucedió cuando asumió su gobierno José Gálvez, en 1886. Para homenajear al saliente Manuel Zavalla y al entrante gobernador, se formó una comisión organizadora del banquete.

Se contrató para ello a una empresa rosarina, la Confitería Fontana, para el servicio de bufete y decoración del predio.

Como informa el diario La Revolución, no había en la ciudad local suficientemente espacioso que pudiera contener una mesa para 200 cubiertos, por lo tanto se utilizó el que había servido a la empresa del Ferrocarril para la inauguración de la vía. El vasto paralelogramo fue dividido en tres cuerpos de edificios: el principal, el guardarropa y una serie de graderías cubiertas de género punzó que serviría para las familias que honrasen con su presencia el banquete. Allí, entre las 21 y la 1 de la mañana se ubicaron respetables matronas y hermosas niñas para mirar la fiesta.

Miraron por ejemplo que cada invitado tenía sobre su plato el menú impreso a tres tintas en la litografía de La Capital de Rosario, vieron comer abundantes platos de comida francesa, comenzando con caviar y los vieron tomar café, vino, cognac y champagne. Todo con la ñata contra el vidrio.

El periodismo frente al combate de Los Cachos

Frente a una guerra interna, la revolución de una fracción política santafesina contra otra, el periodismo tiene mucho que decir. No existe producción periodística propia, apenas la transcripción de los partes de guerra desde los lugares de combate. Pero el periodismo entonces no era sino producción de editoriales. Virulentas páginas de opinión.

Un acontecimiento trascendental para la provincia fue, en 1877, la revolución encabezada por Patricio Cullen. Podría esperarse que fuera “el” suceso en el que el periodismo medianamente moderno pudiera aflorar al fin.

La Tribuna de Florencio Varela en la guerra del Paraguay, había utilizado el servicio de los propios soldados para, a través de una correspondencia regular, llevar a sus lectores las novedades de la guerra. El editor hacía llegar a sus colaboradores algunos patacones, o a veces, pagaba en especies (1). Parece improbable que algo así hiciera El Santafesino con el comandante Francisco Romero y Esquivel: transcribe textualmente sus partes de guerra remitidos al gobernador y así lo hace notar. Sólo en el espacio físico del diario destinado a opinar, hace su propia producción, en donde exacerbará la virulencia que su lenguaje venía teniendo con los “enemigos” de Santa Fe.

El 23 de marzo, cuando el combate recién comenzaba, encabeza su portada con un “¡Alerta pueblo de Santa Fe!”, en el que destila su odio hacia Nicasio Oroño, “tirano de tus libertades”, “autor de la inicua ley del matrimonio civil”, “perturbador de la paz y el sosiego público”, “único responsable ante Dios y la Patria”. El texto es un bravo alegato a aquella abstracción ahora materializada en los que, de trabajadores espectadores, han pasado a ser soldados: el “pueblo santafesino”. “No desmintáis, Santafesinos, el nombre que habéis alcanzado y cobijados bajo el pabellón que nuestros padres hicieron flamear victorioso en cien combates, esperad tranquilos la hora suprema en que podamos exclamar henchido el pecho de santo júbilo: HEMOS DOBLEGADO POR COMPLETO LA CERVIZ AL MONSTRUO DE LA REBELIÓN QUE NOS AMENAZABA!!” (2)

Y además, en el mismo artículo, desafía a los Oroñistas:

¡¡Salgan a las calles, tengan dignidad para sumir la responsabilidad de sus propios actos!!

¡¡Basta de sacrificar infamemente la sangre de guazos estúpidos e inconscientes!!

¡Sea alguna vez, llegado el tiempo de probar que son hombres, que no han perdido la vergüenza y que no obran como los cobardes y canallas, faltando a los compromisos que hasta las tribus salvajes respetan!

¡A las calles, a las armas, pues, que el momento es oportuno!

¡Alguna vez han de salir las víboras de sus cuevas!

“Nos apresuramos a hacer conocer a nuestros lectores las últimas noticias obtenidas de las fuerzas que se encuentran en campaña. El Señor Gobernador recibió hoy a las tres de la mañana los partes que van a continuación”, señala luego. Y transcribe cada uno de los partes que llegaban a la oficina del gobernador, todos, en orden cronológico. No pueden apreciarse, como en las páginas de La Tribuna, las delicias y desgracias de la vida cotidiana.

Allí puede leerse la versión del ejército de la muerte de Cullen, cuestión que suscitará ardorosas polémicas en la prensa.

Pero antes de ello, leamos la posición de El Santafesino, que es lo mismo que decir la postura de Bayo y su gabinete, ante los sucesos.

El “valiente y bravo” comandante Romero es elevado al sitial de “Padre de la Patria”. En la introducción que realiza el periódico a los partes oficiales, brinda su pésame a las familias que han perdido a sus integrantes en la refriega, pero “estas tristes y fatales consecuencias son inevitables”, asegura. Pero el pueblo de Santa Fe no merece otra cosa que “mil felicitaciones”. Una vez más, un periódico de la ciudad hace gala de su representatividad:

Plácenos, como representantes de la opinión pública, enviar un ¡hurra! y nuestras más ardientes felicitaciones al bravo Comandante con cuyo nombre encabezamos estas líneas, lo mismo que a cada uno de los soldados que lo han acompañado, puesto que el triunfo obtenido ha asegurado por muchos años la paz de la Provincia.

Y finaliza el preámbulo: “¡Quiera la Omnipotente Providencia del Dios de las victorias que nuestro pueblo sepa aprovechar la lección recibida por los rebeldes y que la hidra de la anarquía que nos pretendía amenazar, no vuelva a abrir sus negras fauces para devorarnos en lo sucesivo!”

Y llegará entonces, el tiempo de la paz. Fuera de los sucesos de la revolución, ahora quedaba volver a poner las cosas en su lugar: hay que ocuparse nuevamente de poner en caja a la opinión, de decir lo que corresponde y atacar a los bárbaros que no entienden lo que a esta provincia le hace falta.

Primero, será el turno de los caídos, los anarquizados desviados del recto camino. Y en el artículo del que nos ocuparemos en seguida, se puede observar la primera vez que se hace referencia a ciertos extranjeros como culpables de la perturbación de la paz. No será la última vez; los periodistas santafesinos harán uso y abuso del vilipendio a algunos inmigrantes que no respetaban el sagrado suelo patrio durante las siguientes décadas. Peor aún serán tratados quienes, nacidos en esta patria chica, renegarán de sus instituciones alzándose en armas contra el gobierno.

La provincia, según El Santafesino, había sido invadida por “unos extranjeros enganchados y filibusteros, a quienes el Gobierno y el país brindaban con toda clase de franquicias y garantías”, además de “unos cuantos gauchos, meros autómatas, movidos por la malicia de caudillejos de mala ralea y de raquíticas y bastardas pretensiones”.

Por supuesto, no todos los extranjeros eran aventureros. La provincia necesitaba imperiosamente de la inmigración, pero claro, no de cualquiera. Sólo de los “soldados del trabajo y de la industria” que son “un fuerte sostén del orden” y que habían sido los primeros en condenar “el acto de unos pocos aventureros, que solo sirvieron de ignominioso patrón a sus compatriotas”.

A los iniciadores santafesinos de la revuelta que habían huido de la provincia, El Santafesino, la opinión pública y la patria toda los maldecían. Textualmente, se trataba de “malos hijos” que mientras dormían en el “maternal regazo, trataban, ¡oh traidores! de desgarrar el materno seno”.

La muerte del ex gobernador Patricio Cullen en el paraje Los Cachos fue otra fuente de polémicas entre El Santafesino y periódicos locales, rosarinos y porteños.

El periódico amplía la escueta información emitida por el comandante Romero “no porque ofrezca nada de particular ese acontecimiento”, sino porque hubo quien realizó aseveraciones inexactas.

La versión oficial, entonces, es que el comandante Romero, al avistar al enemigo, mandó a desplegar sus tropas, no encontrando resistencia, puesto que los rebeldes huyeron. Cullen estaba en la jefatura de la fuerza. Era un hombre “enfermo” y “poco avezado en el manejo del caballo”. Un sargento y un soldado lo intimaron a la rendición. La respuesta del ex gobernador fue un disparo que no acertó su blanco. Fue entonces que el sargento descargó un tiro sobre él; aunque cayó, pudo levantarse y volvió a disparar. El soldado entonces, lo ultimó. “D. Patricio Cullen, pues, ha muerto peleando, como un valiente, aunque defendiendo una causa injusta” (3), es la conclusión de El Santafesino.

Impugnará ahora las versiones que otros periódicos traen sobre esta muerte. Y su palabra, debería bastar, señala: “El Sr. Cullen no murió asesinado, murió en la pelea, como ya lo hemos aseverado otras veces”. No hay nada que discutir, entonces.

Notas:

(1) DE MARCO, Miguel Ángel (Editor) Corresponsales en acción. Crónicas de la guerra del Paraguay. “La Tribuna”, 1965-1966. Librería Histórica, Buenos Aires, 2003.

(2) El Santafesino 23 de marzo de 1877. Mayúsculas en el original.

(3) El Santafesino 6 de abril de 1877. Resaltado en el original.

 
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