Violencia familiar: asesinato de una mujer

Las escenas de violencia doméstica llegan a conocerse y a espantarnos cuando una tragedia las torna visibles. Generalmente, una mujer debe morir para que, por un breve lapso, la sociedad entera hable del tema. Algo así sucedió en Santa Fe en 1933.

El asesinato de Ramona de Fernández en 1933 a manos de su marido y ante la mirada aterrada de sus pequeños hijos conmovió a Santa Fe.

El diario que había sido fundado por don Salvador Espinosa tituló en aquel agosto: “A HACHAZOS una mujer fue brutalmente asesinada por su marido. Después el criminal se degolló con una navaja de afeitar. La mujer, con la cabeza destrozada, murió en el acto. No murió él, pero se halla hospitalizado en grave estado. ‘Me quería abandonar con los chicos, por eso la maté’”.

Ramona y Santiago se habían casado hacía 12 años. Ella tenía 14, él 28. Siete hijos habían nacido del matrimonio, pero sólo dos habían sobrevivido.

El relato del crimen lo realizó el propio Santiago Fernández, a partir de lo cual el diario Santa Fe reconstruyó los hechos. La crónica se inicia señalando que Fernández había descubierto que su esposa lo engañaba. Cuando la confrontó, ella “haciendo gala de impudor —dice Fernández— le dijo que ya estaba cansada de él y que tenía relaciones con otro”. “Ante la certidumbre de que mi mujer me engañaba, que me lo confesaba sin recelo y que iba a abandonarme con los chicos, resolví matarla, por mala y descorazonada”, confesó.

Pero el diario descreía: “Es verdad lo que cuenta Fernández? O sólo quiere justificar en cierto modo su crimen y procura así atenuar su culpa?”

El atroz crimen se desarrolló de la siguiente manera:

Eran más o menos las 22 horas cuando sostuvieron la última conversación y poco después Ramona se quedaba dormida. (…)

Fernández permanecía despierto maquinando su atroz venganza. A las 24 horas más o menos, se levantó. Los dos chicos dormían profundamente lo mismo que la madre en la misma pieza. De debajo de una mesa Fernández tomó el hacha leñera como de tres kilos de peso, y acercándose a la cama descargó sobre la cabeza de su mujer un terrible golpe. El filo penetró horizontalmente a los ojos llegando hasta las vértebras cervicales.

La víctima del salvaje vengador dio un feroz grito, uno solo, pero de tal intensidad que despertó a uno de los chicos. Fue así como resultó testigo del drama. Los llantos de la criatura despertaron su hermano, que también vieron como entre sueños de pesadilla, cuando su padre seguía descargando golpe tras golpe sobre la cabeza de su mujer, hasta que el cuerpo ya no hizo ningún movimiento.

Las ropas de la cama se tiñeron de rojo. Fernández, con el hacha ensangrentada en las manos, jadeante, parecía más trágico a la débil luz de la lámpara de petróleo.

—Y vos, qué estás haciendo?—preguntóle ríspido a Alfredo que se había incorporado en la cama. — Tu madre no tiene nada, mañana estará sana. Dormite! —le ordenó.

La criatura escondió su cara entre las cobijas y se puso a llorar.

HORAS INFERNALES

Realizada su obra Fernández salió de la casa y vagó varias horas. Llegó hasta un café situado cerca del Mercado de Abasto y —allí se puso a beber vino hasta las 4 horas de ayer aproximadamente en que regresó a su casa.

Sus hijos dormían con esa inconciencia propia de la edad. Fernández contempló un buen rato el cadáver de su esposa, la cara horriblemente desfigurada por los golpes, como puede verse en la fotografía que publicamos. Luego, como impulsado por el remordimiento, pensó en eliminarse.

Primero tuvo la intención de quemar la pieza para que murieran también con él los hijos y derramó sobre los muebles el contenido de una botella de kerosene. Pero se arrepintió y apoderándose de una navaja de afeitar mellada resueltamente se infirió un extenso tajo en la garganta.

El poco filo de la navaja no permitió que la herida fuera muy profunda, y si bien es demás de diez centímetros de extensión, no es de mucha gravedad y posiblemente Fernández se salvará para ir a la cárcel a purgar su crimen.

Fue uno de los niños el que se despertó ante las quejas de su padre herido. Eran las 6 de la mañana y a sus gritos, acudieron los vecinos y posteriormente los oficiales de policía de la comisaría 6ª.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

quen triste que no cecen los crimenes, la violencia en nuestro pueblo... POR FAVOR HAGO UN LLAMADO A OS<DELINCUENTES que piensen muy bien antes de atentar contra una pñersona
TODOS ESTP

 
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