El estatuto del peón rural y "el campo" hoy

En las últimas semanas, el “campo” volvió con todo a la escena mediática. Hablan de rentabilidad principalmente y evitan repudiar la esclavitud en que viven algunos trabajadores del sector. En 1944 se reguló por primera vez la actividad, antes regida por usos y costumbres casi coloniales. En 1980, como correspondía, el Proceso de Reorganización Nacional cedió a los deseos de las entidades ruralistas y lo derogó. Un nuevo proyecto aguarda ser tratado desde julio del año pasado. Hace más de seis décadas, el “campo” santafesino puso el grito en el cielo con la sanción del Estatuto. Pase y vea.

Vayamos por parte y empecemos por el principio.

En este post, se describen las condiciones en que vivían los peones rurales del norte de la provincia hacia 1914.

Tres décadas después, a instancias del entonces secretario de Trabajo y Previsión Juan Domingo Perón, las cámaras legislativas sancionaron en octubre de 1944 el Estatuto del Peón Rural. Perón decía días después en un discurso:

Hoy llegamos a todo el país con el Estatuto del Peón que llenará una necesidad sentida en los campos argentinos. Sé bien que ello no agradará a algunos patrones sin conciencia. Sé también que será motivo de críticas por parte de algunos merodeadores de las grandes empresas y escribas sin escrúpulos al servicio de los poderosos que ya han visto mal que yo defienda con más emoción el perfeccionamiento de la raza humana que el de los toros y perros argentinos (…). Entendemos que en muchos aspectos la situación de los peones había llegado, en ciertas oportunidades, a ser una forma disimulada de la esclavitud.
Esas críticas llegaron también desde Santa Fe. Dos tonos tuvieron esos ataques y ambos se repiten en el tiempo.

El diario El Litoral reprocha el modo de su aplicación: por zonas políticas y no económicas. Reconoce por otro lado el abandono que sufren esos trabajadores, “en una dependencia casi total de la voluntad discrecional de los patrones”. No es desacertado el análisis del diario cuando dice que se trata de un estado social “favorable al procedimiento de las clases adineradas, vinculadas a las tareas rurales y a la vez a la política dominante del país”.

Y aunque era necesario estudiar la situación de “esa gran masa de trabajadores rurales esclavizados mediante formas poco dignas de trabajo y redistribuidos miserablemente”, había que buscar en las raíces más profundas del problema, que no serían resueltas por el Estatuto.

Éste era superficial y sus efectos aparentes. No sólo eso; también peligroso para la economía hasta tanto cambiase la cultura y se crease una conciencia que aprovechase el esfuerzo y sacrificio.

Peones sin preparación ni cultura podrían hacer lo mismo que quienes hoy reciben la asignación universal por hijo, según el candidato Sanz:

Si en los medios rurales no se procura crear un clima favorable al mejor aprovechamiento de los mayores medios que se pongan al alcance del trabajador se correrá el riesgo de crear espejismos falsos y desmoralizantes. Esos riesgos actuales son el atraso general, la falta de recursos de progresos, la proliferación del boliche y el auge del juego y el alcoholismo.
“El campo” santafesino

En diciembre de 1944 la Confederación de Asociaciones Rurales del Centro y Litoral Oeste , compuesto por las sociedades rurales de Santa Fe, Rafaela, Reconquista, San Francisco, San Cristóbal, Vera, Noroeste de Santa Fe, Cañada Rosquín, Tostado, Sunchales, San Justo, Las Colonias, San Javier, Chañar Ladeado, Gálvez, Garay, Moisés Ville, San Jorge, Totoras, Carcarañá y las Cooperativas de Ganaderos de Palacios y Ganaderos de Morteros elevaron al presidente Edelmiro Farrel un extenso memorial que es publicado en El Litoral.

El Estatuto del Peón rural no sólo producía trastornos económicos, sino que además era “el germen de futuras luchas y de odios irreconciliables que el mismo Estatuto se verá más tarde precisado a reprimir”.

¿Qué generó ese odio? Haberle dicho al país, y “especialmente a hombres de escasa cultura y poco discernimiento que son los esclavos explotados por sus patrones”; ello despertaba en estas personas “un sentimiento confuso de rencor hacia los otros hombres, hacia la organización social existente, hacia las leyes, las instituciones, la justicia y el derecho”, dijeron los hombres cultos y sostenes de las instituciones. Y como los peones rurales no entendían nada, todo esto podía llevarlos “a la devoción irracional y transitoria de caudillos que terminan, como lo prueba el ejemplo irrecusable de la historia, en sumir a los pueblo en la más negra tiranía”. Vade retro.

Si es que existieran injusticias, dicen, “deben repararse con mano enérgica, pero serenamente, sin propaganda, no admitiendo que otros organismos que se dicen representantes de gremios urbanos intervengan también con denuestos”. En mi estancia, con los bienes y personas que estén allí, mando yo, yo y solamente yo.

Al igual que El Litoral, los ruralistas saben que los trabajadores de campo tienen necesidades en diferentes aspectos: “Moral, Material y Espiritual”.

Lo primero era enseñarles la noción del valor de la personalidad humana, pero eso en teoría, porque en la práctica… Esta enseñanza era a los fines de que comprendieran “el sentido de su responsabilidad dentro de la colectividad”.

El problema es de vastos alcances sociales y de hondas raíces en nuestro pasado y no se resolverá en manera alguna con el solo mejoramiento de las remuneraciones del trabajo pues es primordial asegurar la formación de su personalidad y el temple de su carácter, pues sin esas bases nada se logra, por más que se le colme de bienes materiales que no le procurarán jamás el bienestar espiritual único susceptible de hacer la felicidad humana.

Se sabe: el “Campo”, el Ejército y la Iglesia son la Patria. Los ruralistas estimaban que los peones debían apreciar su contribución “en la tarea de elaborar diariamente la grandeza de la patria, prestando no sólo su esfuerzo en el engranaje de la economía agraria, sino y muy principalmente, contribuyendo la familia campesina sobre bases morales y espirituales sólidas y permanentes”.

Si el trabajador rural no se daba cuenta de eso (y los productores no decían cómo lo harían) seguiría “indefenso frente a las amenazas de todos los vicios que aun infestan nuestra campaña como resabios de épocas nefastas, en que el juego, el alcoholismo y la prostitución eran los puntales en que se afirmaba el despotismo gobernante”.

Es necesario, le escriben a Farrell, cambiar sus aspiraciones “burdamente materiales que hoy albergan” por otras “en que su gravitación en los destinos el país sea conquista que soñaron los fundadores de nuestra nacionalidad”.

Luego, la Confederación pide poca mano del Estado en el sector: nada de escalas salariales o índices rígidos. “A menos que” se garantizaran los precios “respetando el costo y un margen razonable de utilidad”.
La escala salarial en 1944

Más objeciones

El extenso memorial continúa con objeciones puntuales a los artículos del estatuto. Veamos algunos casos.


El artículo 3º buscaba no romper la armonía que tradicionalmente rigió la actividad. Los ruralistas contestaron que “por la idiosincrasia propia del hombre de campo, el peón se vincula con el patrón, más por el afecto y la simpatía mutua que por el interés”. Tan buenos eran, que a algunas estancias continuaban afluyendo peones “hasta como ‘agregados’ y sin sueldo”.

Alfredo De Ángeli ya lo dijo (ver en este informe, en 1’48”): “Hay que reformar la legislación laboral para este tipo de mano de obra intensiva; vos le das de alta hoy a la mañana, tendrás cuarenta tipos porque tenés mano de obra intensiva, esa tarde cobrás; al otro día de esos cuarenta vienen veinte y vos necesitás los cuarenta, ¡tenés que ir a la AFIP y dar de baja esos veinte y sumar veinte más, es de volverse locos!”.

¡Es una cosa de locos tener a los trabajadores registrados! Pero como sus antepasados querían conservar la armonía y con el Estatuto del Peón no se podría, amenazaban con no tomar más peones mensuales, prefiriendo el trabajo por día, limitado a lo esencial, “con lo que se librarán el gasto de trabajos secundarios y de la mantención del personal en las épocas tan frecuentes en que el campo por lluvia, por sequía o por causas diversas, no se puede trabajar”. Y, como se sabe, se trata del bien espiritual del peón, se mostraban preocupados porque ello originaría “una población de peones ambulantes y sin radicación, que terminará por adquirir hábitos de ociosidad y vagabundaje, trabajando unos días al mes como para vivir y pasando el resto en los boliches de los pueblos”.

Sobre los artículos destinados a establecer las condiciones de vivienda, higiene y vestimenta de los obreros, los ruralistas objetaban que se transformaba en una pesada carga para el sector.

El artículo 23 se ocupaba de las causas de despido sin indemnización: daños o culpa reiterada, incapacidad inculpable e insubordinación o mala conducta reiterada y comprobada por la autoridad de aplicación. Esto era el colmo para los patrones. Estas causas no debían ser ni graves ni se necesitaba a ninguna autoridad que lo verificara. Bastaba su sola constatación. “Dada la forma en que se desenvuelven las tareas rurales sin la concentración en un taller o dependencia de una fábrica, lejos de la mirada y vigilancia de los capataces, sería injusto obligar al patrón a soportar tales extremos para poder prescindir de los servicios de quienes han incurrido en tales desviaciones en el cumplimiento de sus deberes, máxime cuando la confianza es esencial para que el desarrollo de las relaciones entre patrón y peón tengan el marco de armonía y corrección indispensable para que exista la compenetración de intereses y propósitos que hagan posible el cumplimiento normal del contrato de empleo”.

Crispados

Ya se advertía en 1944 la crispación también en la provincia. Los productores agrupados en la Confederación de Asociaciones Rurales del Centro y Litoral Oeste finalizaron su extenso Memorial al presidente Farrel con un tiro por elevación a Perón:

Queremos expresar nuestro desacuerdo por la forma belicosa y hostil hacia los productores rurales sin discriminación alguna, con que se ha hecho pública la aparición del estatuto del peón, creando un clima de violencia y de resentimientos recíprocos en un medio donde reinaba la armonía y el mutuo entendimiento. La justicia social no puede tener nunca su base en la violencia ni menos en la fuerza, pues sobre ellas no ha podido edificarse nada sólido ni duradero.

Y sí. Todos sabemos que las conquistas se logran cuando se piden con “cariño”.

Hoy

No podía ser de otra manera, y este estatuto fue derogado en 1980, uno de los tantos favores que el Proceso de Reorganización Nacional le hizo a la Sociedad Rural que esperó ansiosa su llegada.

El año pasado, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner presentó un proyecto de nuevo Estatuto del Peón Rural. Aún no fue tratado.

La revelación realizada a principios de este año sobre las condiciones de trabajo esclavo, ignorada por los medios hegemónicos y con vergonzosas explicaciones por parte de la patronal ruralista que del tema no quieren hablar, provocó la reacción también en Santa Fe.

El presidente de la Sociedad Rural Santa Fe Hugo Iturraspe dijo: “La producción es muy cuidadosa en ese sentido porque nos manejamos siempre con la gente del pueblo, con la gente de la zona, o sea que eso lo tenemos desde hace muchos años muy bien reglamentado (…). En general es gente de muchos años, hay una relación hasta familiar con la gente que trabaja en los establecimientos con la patronal”.

Aquí, una pequeña muestra sobre la situación de los trabajadores “del campo” en el norte de la provincia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente historia.
Muy bien contada y con una buena conexión con la actualidad.
Muchas gracias.

Loro.

rojo gallo cluadio dijo...

Estimada Cintia
Hemos conocido su blog por intermedio del de la agrupación Nestor Kirchner que lo tiene como uno de sus favoritos.
No pareció muy bueno y nos copamos con el post del campo. Tema que estamos tratando dada la importancia que tiene en el proyecto de país que apoyamos. Lo hemos "tomado prestado" pero legalmente con fuente, foto y dirección. Te invitamos a conocer nuestro trabajo en el indecquetrabaja.blogspot.com y hacerte amiga; si lo deseas.Cualquier cosa que quieras difundir nos escribís a rojogalloclaudio@yahoo.com.ar y lo haremos.
Lamento tener que actuar con seudónimo pero dado el tipo de blog no podemos dar la cara.
Un saludo muy cordial y nuestras felicitaciones

 
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