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El periodismo y un juez

Aplicando las disposiciones de la ley de imprenta de 1937, el director de El Orden fue condenado a tres meses de prisión en suspenso por publicaciones que aludían a un juez.

En 1937, recién estrenada la ley de imprenta resistida unánimemente por todos los periódicos de la provincia, el juez Pedro Viñas Balugeras tomó una resolución que crispó al diario El Orden.

El periódico, con diez años de vida, se vanagloriaba de no recibir publicidad, entre otros, de La Forestal y de las loterías. Durante su existencia combatió fuertemente a los juegos de azar.


En el caso que nos ocupa, el juez aludido había ordenado liberar a un detenido por infracción a las disposiciones prohibitivas de estos juegos y que había sido apresado en una mesa de juegos clandestina que funcionaba en un comité radical de Coronda.

El argumento principal de Viñas Balugeras era que la prohibición no existía, ya que había sido dictada por una intervención nacional, interpretando que así se transformaba en una legislación de facto.

Desde El Orden, luego de realizar largas disquisiciones alrededor de la validez de la prohibición, se entrevistó al ministro de Gobierno Severo Gómez, quien anunció la clausura del establecimiento de su partido y se comprometió a instruir a sus correligionarios para que dieran el ejemplo: “El gobierno de la provincia, está empeñado en levantar el ambiente moral de las poblaciones y por eso estima necesaria la estricta aplicación de las leyes y decretos que prohíben los juegos de azar”, dijo.

Sin embargo, el diario fundado por don Alfredo Estrada tenía mucho por decir. Y además de decirlo a través de las crónicas y las editoriales, lo hizo a través de fábulas que desataron la polémica y la condena.

Tomamos dos de ellas.

Un juez y un cuento” relata una supuesta conversación escuchada en el centro de la ciudad. Una persona, que venía de Estados Unidos comenta a otra las maravillas de una cirugía en ese país. El santafesino le responde que eso no era nada, que aquí se hacían cosas más difíciles. Y relata:

Hace algún tiempo se produjo en un campo cercano, un lamentable accidente. Un caballo desbocado derribó a su jinete, y este quedó con un pie enganchado en el estribo. El caballo siguió corriendo, arrastrándolo. La cabeza iba golpeando el suelo. Cuando lo recogieron, tenía el cráneo hecho pedazos y había perdido masa encefálica. Unos peones que lo socorrieron en el primer momento, quisieron vendarle la cabeza, pero les pareció que era una lástima dejarle la cabeza vacía como no tenían nada que poner adentro, recogieron por ahí una de esas tortas que suelen encontrarse en los campos, después de lo cual, le envolvieron la cabeza con una sábana…

-¡Y como es lógico, el pobre hombre se murió!...

-Nada de eso. Lo hicieron juez…

El otro se titula “¡Hagan juego!”. El juez soñaba que se bajaba de su tarima, por un verde tapete, y pronunciaba un discurso, que entre otras cosas, decía:

El juez Viñas Balugeras
Y aquella noche, apenas hubo cerrado los ojos, soñó que dejaba su tarima de juez, por un verde tapete, y que pronunciaba el siguiente discurso:

¡Hagan juego señores!.... Ha llegado el dichoso momento de la libertad. Nadie nos prohíbe jugar. Como en “La isla de las almas perdidas”, ya no hay ley. Acabo de pegarle un estacazo, y aquí estoy ahora, tan contento y feliz, que ya no cabe la alegría dentro del pecho. ¡Hagan juego señores!... Caballeros del azar y del envite, hagan juego. La fortuna está en todas partes, porque es una Diosa. El que no juega no gana. El que no juega no pierde. Ganemos y perdamos, y brinquemos después como dichosos poseídos, mientras rueda la fortuna. Y no hagamos caso de la policía. Si la policía se asoma a nuestra puerta, le pondremos por las narices este magnífico pronunciamiento: ¡No hay ley que prohíba los juegos de azar en la provincia!...

El artículo termina diciendo: “Despertó fatigado. Con la boca seca y la frente sudorosa. Miró alrededor suyo. Seguía siendo juez”.

La aplicación de la ley

Una de las disposiciones de la flamante ley de imprenta de Santa Fe establecía que cuando por la prensa se ofendiese la moral, el orden público o el desempeño en sus funciones, el fiscal estaba obligado a actuar de oficio, sin necesidad de intervención del ofendido.

Don Alfredo Estrada
Eso hizo el fiscal Eduardo Re Carreras, entablando querella contra Alfredo Estrada, director-propietario de El Orden.

Y el 15 de diciembre de 1938, el juez Domingo Sabaté falló. Dijo que la lectura de las publicaciones había dado por resultado efectivo agraviar a un magistrado al tiempo de ejercitar sus funciones. Todas ellas, disfrazadas de crítica periodística, “son agraviantes y ofensivas para el funcionario aludido”. “No hay en ellas, para justificar la intención del autor, la fina ironía con que las quiere presentar en su descargo el querellado, sino por el contrario la burda sátira, sin gracia y de mal gusto”, continuaba. “Dejar sin sanción hechos de tal naturaleza sería eludir la aplicación de los preceptos de la ley penal y entregar inermes los funcionarios públicos y la magistratura en el alto ejercicio de su alto ministerio, a las más bajas pasiones y a los odios y venganzas de quienes pretenden escudarse detrás del parapeto de una mal entendida libertad de prensa”, finalizó el juez antes de fallar. La sentencia rechazó la pretensión de Estrada de la falta de competencia del fiscal; el pedido de inconstitucionalidad de la ley de imprenta y lo condenó como autor del delito de desacato reiterado a sufrir tres meses de prisión, que se dejó en suspenso, y a publicar la sentencia en el diario.

Estrada apeló la sentencia, pero los jueces José Parma, Juan Horacio Guinle y S. M. Giménez, la confirmaron.

El 1º de abril de 1940, El Orden publicó, comenzando por su portada, toda la sentencia.

2 comentarios:

Andrea F.Viñas dijo...

ES CURIOSO Y CASI UNA HISTORIA DE CUENTOS, PERO SIN LUGAR A DUDAS DE CUENTOS ARGENTINOS. SOY LA NIETA DE DON PEDRO IGNACIO VIÑAS BALUGERA Y NO ME LA CONOCIA!!!Y LAS FOTOGRAFIAS Y LOS RECORTES...
ME SORPRENDE CONOCER A MAS DE MIS 40 AÑOS ESTA HISTORIA DE MI ABUELO, Y VERLO DE JOVEN EN SUS FUNCIONES Y NO EN UNA AMARILLENTA FOTO FAMILIAR.
GRACIAS POR TRAERLO A CUENTO.
ANDREA FERNANDA VIÑAS

Andrea F.Viñas dijo...

sOY lA NIETA DE DON PEDRO IGNACIO VIÑAS BALUGERA. NO ME LA SABIA. ME RESULTO GENIAL ENCONTRAR ESTE CUENTO DE MI ABUELO PATERNO Y EL DIARIO "EL ORDEN". GRACIAS MIGNONE POR TRAERLO A CUENTO CON GRAFICA Y TODO, ME AGRADA MUCHO PODER POSTEARSELO A MIS HIJOS,PRIMOS, Y TÍOS.POR ESE ENTONCES MI PADRE (F/2008)TENIA UNOS 5 AÑOS Y VIVIAN EN GUADALUPE, FRENTE A LA LAGUNA.
MI OTRO ABUELO ERA DON ROMULO CASTRO, QUE POR LOS 40 FUE DIPUTADO SANTAFESINO LABORISTA(REPRESENTANTE DE SUNCHALES)Y FUE TAMBIÉN BASTANTE PARTICULAR EN SU FIRME Y HONRADA GESTIÓN.
AGRADECIDA POR EL RECUERDO, ANDREA FERNANDA VIÑAS CASTRO
ANDREA FERNANDA VIÑAS CASTRO

 
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