Searching...

Publicidad oficial: Quien no llora no mama

En el ojo de la tormenta está hoy la publicidad oficial y su distribución discrecional tanto por parte de la nación, como de la provincia y el municipio. En otros tiempos, las cosas se hacían de otra manera: se licitaba la concesión de la imprenta del Estado. Esto dejaba a un claro vencedor y un tendal de derrotados que, como correspondía, dirimían sus diferencias a través de la prensa.

Imaginemos este escenario: el gobierno provincial, o municipal, tiene un presupuesto determinado para publicitar sus actos de gobierno. Entonces decide llamar a licitación para saber a dónde va a hacerlo. El que gana, feliz y contento. ¿Y los otros?

En 1877, el gobierno había llamado a licitación para saber quién se haría cargo de la imprenta del Estado para publicar el Boletín Oficial. Ganó Manuel Yáñez, que recibía un pago, pero además total libertad para utilizar la Imprenta del Estado para lo que quisiera. Y decide sacar el diario El Santafesino.

Los otros dos que se habían presentado se enfurecen con el gobierno, y Yañez responde desde su nuevo diario, especialmente a El Orden, a quien comienza a llamar “El Desorden”.

Con la desfachatez y desvergüenza solo dignas de ciertos hombres que en los albores de su existencia han perdido el pudor y la dignidad que es lo último que debe perderse en la vida, nos aseguran que uno de los redactores del Desorden ha visto al Sr. Gobernador de la Provincia con el propósito que se le dieran 300 patacones en vez de 200 que les pagaba por la publicación de los Documentos Oficiales. Le aseguramos y le repetimos que es cierto, ciertísimo y que fue la causa determinante por parte del Ejecutivo para no firmar el contrato y dejarlos ahogados en el más profundo llanto. Pero tienen razón porque el que no llora no mama.

Y seguía, llanamente:

El Gobernador no podía estar creando cuervos para que en seguida le saquen los ojos. ¡Lloren nomás niños!... Lloren.

Asegura El Santafesino que un “caballerito de ese periódico” hablaba con un alto funcionario y le decía: “Yo soy su amigo político, señor, hará de (nunca) oposición, pero necesito algún auxilio para terminar mi carrera”.

Y entonces se preguntaba:

Por qué no era más franco, y le decía yendo al grano, necesito reales y seré su amigo, preciso cuarenta o cincuenta pesos mensuales para llenar mis necesidades, de lo contrario me entregaré a los brazos de la oposición.

Los redactores del “Desorden”, afirma, “no obedecen más que al móvil de sus propios intereses”.

Comezon Envidia Despecho

Algunos días después, El Santafesino vuelve a la carga, dedicando furibundas palabras a dos periódicos que habían perdido esa licitación y que ahora se quejaban de los gastos que insumía la imprenta del estado (pese a que uno de ellos había sido favorecido en otra oportunidad).

El diario El Orden le había publicado un suelto para referirse a esto con el título “Sin Nombre”. Pero El Santafesino decía que ese suelto, para ser sincero, debía llamarse “Comezón Envidia Despecho”.

El Orden había criticado largamente al gobierno por la decisión de entregarle a El Santafesino la imprenta. Y este le respondía:

No ande con rodeos, colega, dígale al pueblo que se levanta contra el Gobierno porque malgasta sus dineros a mandar a hacer en la Imprenta del Estado los trabajos que necesita, en vez de mandárselos a Ud. Incite a las masas a convulsionarse contra el Gobierno porque se van a malgastar los dineros del pueblo si el articulista o alguno de sus compañeros no es reelegido este año para que vaya a ocupar un puesto en las Cámaras.

Y continuaba:

¿Por qué mientras el articulista tenía esperanza de obtener para sí los 300 fuertes, no aconsejaba al Gobierno que no malgastase los dineros del pueblo? Sólo hasta ahora que ha visto desaparecer hasta la más fugaz esperanza de que el Gobierno le acepte su contrato, cuando ve que las publicaciones oficiales no se hacen en su imprenta y ve amenazada de muerte su existencia porque el Pueblo no ha de proteger a quien como el Orden no trató jamás de hacer nada en beneficio del público sino de sus propios bolsillos, ahora que ya no vislumbra en el horizonte de su existencia ni una luz que pueda iluminarlo en su camino, es muy natural que observe la conducta que manifiesta en el artículo que nos ocupa y que califique de inmoral el acto en que el Gobierno, aprovechando de los materiales que le pertenecen mande hacer sus publicaciones en la Imprenta del Estado y no en la del Orden.

El Eco del Pueblo era la otra publicación que dirigía sus dardos contra el gobierno provincial y El Santafesino. Excusa perfecta para que este último diga lo suyo.

Dice de El Eco: “la envidia no lo deja vivir”, y sólo cuando él “estuviese a cargo de esas publicaciones había de guardar silencio sobre el proceder del Gobierno”, porque antes, cuando estaba a su cargo la imprenta del Estado, estaba “asombrado de ver tanta riqueza que no dejaba por un instante de manejar el incensario y de cantar sus alabanzas”.

Y le pregunta:

¿Por qué si es tan celoso de que no se gaste nada en publicaciones, por qué no se ofrece Ud. a hacerlas gratuitamente? Obras son amores y para que creamos en su patriotismo, bueno sería que diese pruebas de su amor al bien de la sociedad, ahorrando al Gobierno que hiciese gastos innecesarios en publicaciones.

A El Orden le dice que sus artículos son hijos del despecho y de la envidia “porque ha perdido de sus manos la presa que ya creía segura”.

Finaliza El Santafesino:

Hasta ahora lo único malo que hay en el acto del Gobierno de que nos estamos ocupando, es que no ha firmado contrato con el Orden: debía ser más modesto y buscar como poder sostenerse sin atacar un acto del Gobierno que nada tiene de censurable o expresar con franqueza que lo censura, no porque sea malo sino porque no le aceptó sus proposiciones o porque no lo favoreció, dejándolo morir sin que la grata sonrisa de una subvención haya podido asomar a sus labios, diga no más lo que en realidad hay colega, hay envidia y su artículo es inspirado porque el interés rompe el saco.

0 comentarios:

 
Back to top!