
La oposición inició la campaña contra Oroño llamándolo como mínimo “hereje”. E inculcaron en la población la idea de que el Registro Civil afectaba sus sentimientos religiosos.
El gobierno, por su parte, había distribuido carteles con las nuevas disposiciones y se colocaban frente a los juzgados de paz.
Uno de ellos llegó a Rincón. Allí, en el pueblo en que el padre Castañeda había dejado su recuerdo y su prédica, los vecinos, junto a algunos militares, se amotinaron contra las disposiciones de Oroño. Y tomaron una resolución: fusilar al tablero que contenía las nuevas órdenes.
Fueron hasta el juzgado, arrancaron el cartel y lo llevaron a la plaza principal. Lo colocaron junto a la pared exterior del templo, y los vecinos se formaron en línea con sus fusiles. Un capitán, sable en mano, ordenó apuntar y hacer fuego.
Justicia popular, el tablero quedó totalmente acribillado.
0 comentarios:
Publicar un comentario